Publicado: 14 de Abril de 2015

Cuando uno practica karate durante unos años se da cuenta de que el Do es un concepto que en algún momento se puede dejar de entrenar, pero nunca de practicar. Un buen karateca entrena su Do en el tatami y lo practica fuera de él. Es el camino que nos hace diferentes a otras disciplinas, ni mejores ni peores, solo diferentes. La practica diaria del respeto, la cortesía, el honor, la bondad o la sinceridad entre otros conceptos nos ayudarán a practicar nuestro Do. 
Existe una historia escrita por Gichin Funakoshi en la que nos describe una parábola sobre el Do y un hombre insignificante que refleja exactamente la actitud del practicante: 

Un karateka pregunta a su Sensei (o maestro que ha recorrido el camino): ¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Dō y un hombre insignificante?

El Sensei respondió: "Cuando el hombre insignificante recibe el cinturón negro primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa, y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre."

El Sensei continuó: "Un hombre del Do que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad".